viernes, 14 de agosto de 2009

LA LECTURA y sus beneficios.....

Para estrenar mi blog.....

En el Lobby del hotel donde me hospedé en Tuxtla Gutiérrez-Chiapas me encontré un ejemplar de la Revista UNIversa, ahí leí este artículo, me gustó mucho.

Me llamó la atención saber que México ocupa el penúltimo lugar en la lista de países evaluados y que el mexicano promedio lee 2.8 libros al año. Y eso que esta cifra es un promedio, habrá quienes nunca leen (los más) y los que leen mucho (los menos).

Otro dato importante es saber que el grado de lectura que tiene un pueblo refleja su avance cultural, político intelectual, científico, etc. Con razón!!!!

Lo reproduzco tal cual, espero que igual les guste y pongan en práctica el hábito de la lectura.






VIAJANDO POR EL METRO DE MONTREAL (Canadá) uno puede encontrarse muchas cosas: masas de personas que caminan apresuradamente para llegar su trabajo, anuncios de tiendas de ropa, de cines y demás comercios, hasta uno que otro turista despistado que se queda atónito por la diversidad cultural y dinámica de la sociedad de ese país.




Sin embargo algo que suele pasar desapercibido y que ocasionó gran expectación en mí fue el alto número de lectores que observé dentro de los vagones de ese transporte, donde incluso muchos de los viajeros que iban parados o reclinados en algún lugar hojeaban atentos un libro, periódico o una revista.


Fue tal el grado de atención que fijé en esa experiencia que al volver a México comparé las cifras entre los lectores de ese país, reflexioné sobre las bondades de ese noble hábito e investigué acerca de los beneficios que brinda ese oficio, cavilé la relación entre la lectura y el desarrollo de la sociedad.




He de confesar que, después de consultar bibliografía sobre el tema y visitar algunos sitios web, los resultados fueron lamentables, por no decir penosos.

En el primero de aquellos casos, donde las fuentes son variables, ya que mientras unas aseguran inexistencia de cifras oficiales otras ofrecen datos reveladores pero poco recientes, el panorama fue poco prometedor.

Y es que nivel mundial México se encuentra en los últimos lugares de las encuestas de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) y la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico).

Acorde con el estudio "Hábitos de la lectura 2007" -realizado por ambos organismos- México se ubicó en el puesto 107 de 108 países evaluados, esto luego de revelar que le mexicano promedio lee 2.8 libros al año; cifra que causó revuelo entre algunos investigadores de nuestro país que aseguraban que el resultado podría ser todavía menor. Empero, luego de visitar las páginas digitales especializadas (Universidad Autónoma Metropolitana, Revista Letras Libres, Semanario Hoja por Hoja) y algunos sitios oficiales del gobierno federal (CONACULTA, Secretaría de Educación Pública, etcétera) otros datos me confirmaron lo anterior.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Lectura realizada en 2006 por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) con el apoyo de la UNAM, dos de cada tres entrevistados declararon leer lo mismo o menos que antes, a fines del 2005. Sólo el 30% declaró leer más. El 13% dijo que jamás había leído un libro mientras que un 40% declaró no haber estado en una librería jamás.

Abonando a esa situación encontré una nota fechada el 7 de enero de 2007 en el periódico "El Sol de México" donde se informa sobre los cuestionables gustos que tiene el ínfimo porcentaje de lectores mexicanos de acuerdo con los principales resultados de la citada encuesta.

"Existe una gran dispersión en las respuestas a la pregunta ¿Cuál es su libro favorito? Entre quienes declaran leer o haber leído alguna vez, el porcentaje más alto lo obtiene "La Biblia" (4.0 por ciento), seguida de "Juventud en éxtasis", "Don Quijote de la Mancha" y "Cien años de Soledad" (1.2 por ciento); "Cañitas", "El Principito", "Harry Potter" y "Volar sobre el pantano" como los títulos más mencionados".

Esto podría ser una prueba fehaciente de la escasa cultura por leer que existe en el país además de que los datos arrojados ponen de manifiesto que el escaso número de lectores que hay no consulta libros especializados y si lo hace es por tradición o por seguir alguna corriente ideológica.

México en el ranking internacional de lectura

Aunque hasta el momento no se ha encontrado una relación directa entre los beneficios que brinda el hábito de la lectura en el desarrollo de una sociedad, los indicadores al respecto que se obtuvieron en las encuestas de la UNESCO y la OCDE en los países desarrollados nos dan un parámetro para sacar nuestras propias conclusiones.

Japón, uno de los países con las economías más solidas del planeta y que tiene los más altos estándares en cuanto a calidad educativa (el 50% de la juventud japonesa acaba sus estudios universitarios), ostenta actualmente el primer lugar en ranking de lectores, seguido muy de cerca por Alemania y Estados Unidos.


Mientras que en el país oriental el 91 por ciento de la población pone en práctica el hábito de la lectura, en los otros dos los números alcanzan las nada desdeñables cifras de 67 y 65 por ciento de la población, respectivamente.

Estos datos reflejan lo beneficioso que resulta leer un libro, periódico o revista por lo menos una vez al día, ya sea para consultar algún tema novedoso o de interés particular.

Habría que conocer de cerca la experiencia de estos países en cuanto a sus programas de lectura para analizar si existe una relación directa con su desarrollo. Bien podrían retomarse de ellos algunos aspectos para implementarlos en México donde, si bien existe una Ley para el Fomento a la Lectura, Un Programa Nacional para la Promoción de la Lectura y hasta un premio en la materia, poco se sabe de la operatividad y eficiencia de sus resultados.

Hago un breve paréntesis aquí para recordar y reconocer una de las acciones que a mi parecer fueron de las más loables que se han emprendido para el fomento de la lectura en México ya que hasta la fecha no ha encontrado parangón: las brigadas de alfabetización de José Vasconcelos.

Por esas fechas -1920 para ser más específicos- el que fuera rector de la máxima casa de estudios de nuestro país, y a la postre secretario de educación de la República (SEP), instrumentó con muy buenos resultados la primera campaña de alfabetización con la firme convicción de que la lectura representaba una forma de ampliar la cultura, a la que concebía como sinónimo de progreso y desarrollo.

En palabras de la investigadora Juana Inés Dehesa la lectura "era (para Vasconcelos) la única forma en que se podía lograr la inserción de México en el mundo moderno".

Quizá esta pasión por la lectura fue el factor que le imprimió el sello de efectividad a las campañas vasconcelistas que, dados sus buenos resultados, trascendieron sexenios (Lázaro Cárdenas, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y José López Portillo) hasta convertirse en programas oficiales de la SEP para después fusionarse en lo que es hoy el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos.

No hace falta tener los conocimientos del prócer oaxaqueño para saber LOS BENEFICIOS DE LA LECTURA, que sin duda son muchos y en varios ámbitos. Aunque aquellos que han disfrutado del placer de la lectura podrían agregar cientos, quizá miles más, me atreveré a citar algunos desde mi experiencia particular:

Despierta la curiosidad por explorar otros mundos, estimula la imaginación y amplía el horizonte del pensamiento, enriquece el vocabulario y contribuye al entendimiento, mejora la escritura, aporta conocimientos, se aprovecha el tiempo libre, fomenta la disciplina mental y es una fuente de inspiración.

De acuerdo a los especialistas (sicólogos, literatos, por citar algunos) el hábito de la lectura "es importante para el desarrollo intelectual de la persona pues si se practica en forma constante mejora el manejo de las reglas de ortografía y gramaticales, lo que permite un mejor uso del lenguaje y la escritura" además "desarrolla, como ninguna otra actividad, la imaginación y la creatividad y es una incomparable fuente de cultura que aumenta la capacidad de memoria y concentración".

Recuerdo que alguna vez encontré una acepción totalmente distinta a la que se encuentra comúnmente sobre lectura, y fue leyendo "El Jardín de las Dudas" de Fernando Savater, donde cita que leer es "el más nefando de los vicios" ya que "al encenegarse en ella vuestro hijo -dice Voltaire a Carolina de Beauregard, ambos personajes del libro- ya no se detendrá ante ninguna fechoría, se atreverá a pensar por sí mismo, desobedecerá a los farsantes aunque lleven un ropón hasta los pies, intentará descubrir las causas del mundo físico y social que nos rodea en lugar de repetir las jaculatorias usuales y quizás hasta llegue a convencerse de que un buen comerciante o un buen tejedor son personas más útiles a sus semejantes que un rufián de apellido ilustre o un general de caballería. De ahí a blasfemar contra la imprescindible tortura o incluso pedir abolición del Santo Oficio no hay mas que un paso..."

Así pues, el hábito de la lectura es fundamental no sólo para el desarrollo de las personas sino para el progreso social. Una masa que vive en la ignorancia y que se mantiene en el letargo no aspira más que al conformismo y la miseria. Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él, decía Immanuel Kant.

Es por ello que no debemos permitir que esta enorme tarea esté esperanzada únicamente a los designios gubernamentales sino que debe encontrar eco en la ciudadanía, principalmente en la familia cuyos aportes habrán de ser respaldados por las instituciones, gremios magisteriales, asociaciones civiles, organismos sociales y todo aquel profesionista o ciudadano con vocación de servir.

Si queremos evitar tantos males que hoy afectan a nuestra sociedad (alcoholismo, drogadicción, violencia, divorcios, embarazos no deseados, etcétera) la lectura puede ser un buen antídoto o al menos un buen comienzo, la tarea no es fácil pero si muy práctica. Podemos imbuir a nuestros hijos al apasionante mundo de los libros leyéndoles en voz alta todos los días, visitar con ellos librerías y bibliotecas, hacer pláticas familiares en torno a un libro, fomentar en ellos el sentido crítico y analítico o simplemente cabalgar con el ejemplo, que vean a los padres disfrutar de la lectura y mostrar interés por ella.

Es tiempo de erradicar el concepto de la lectura como una penitencia o como una forma más de evaluación en la docencia y concebirlo como un complemento para el desarrollo y fortalecimiento del intelecto. El resto de la tarea habrá que dejarlo a nuestros gobernantes quienes tendrán la obligación de brindar las facilidades para tales fines a modo de sacar a México de los vergonzosos lugares que ocupa hasta la fecha.

.............................................................................................................................Eduardo Grajales

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