
“Con el corazón lleno de cielo, los ojos llenos de Luna, me dejé morir, me oí llorar, soy sólo un tonto; no lo puedo negar, me estaba mintiendo al pensar que no podría haber nadie más, incluso al pensar que podría sobrevivir sin amor.
Sin esperarlo, un día la luz de una brillante estrella iluminó mis monótonos, grises y opacos días, me mostró el camino.
En ese entonces mi ánimo era el de una persona senil, gracias a ella me di cuenta que aún tenía mucho por vivir, despertó en mi la capacidad de admiración y dio nuevamente latidos a mi frágil y enfermo corazón.
Viví algunos años y pensaba que el amor no estaba diseñado para mí; después de conocerla supe que estaba vivo, que existía el verdadero amor, que existía la persona que en mis momentos de nostalgia alguna vez había soñado... y quizá un poco más allá de lo que pensé podría ser una compañera en todos sus aspectos. Despertó en mí el amor, la admiración y devolvió a mi rostro la capacidad de sonreír.
Soy y seré hasta el fin de los tiempos, el más dichoso y feliz del mundo porque he tenido la bendición de tenerle en mi corazón y en mi alma.
Muchos años recibí de ella los más cálidos destellos.
Sin embargo, mi urgencia por solucionar lo prioritario, mi pasividad y miedo a no sé que provocaron el viaje precipitado de mi querida estrella.
Y aunque hoy ella se oculte o se aleje quiero decirle que aún estoy de pie, mi corazón no claudica y su luz me acompañará hasta el final de mis tiempos.
El Trayecto de mi vida tiene hoy un destino final, una fecha fatal aún más próxima que la de todos los de mi edad, jóvenes aún. Y aunque a veces la soledad, la nostalgia y la depresión se asoman por mi ventana, saco fuerzas de donde parece que no hay y continúo, dando pasos lentos y dolorosos, arrebatándole al tiempo los preciados regalos que significan vivir. Quizá sean detalles insignificantes para cualquiera, pero para mí representan la valoración más sincera.
Hoy estoy aquí, en espera de lo que tenga que ser, con el corazón a flor de piel, incluso sintiendo a pesar de que no tenga permiso para ello. Soy un ser humano que no quiere estar en una burbuja de cristal.
Estoy consciente que esa estrella a la cual yo admiro no la puedo retener, mis bases son estériles y nada le puedo ofrecer, más que la pureza de mis sentimientos y la bondad de mi ser.
Más si esa estrella una mano me ofreciera la tomaría. Deseo mostrarle que mi alma tiene fuerza, su luz me acompañará hasta el final de mis tiempos y será hasta en otras vidas en que con seguridad bajará a mi mundo o yo subiré al suyo.
Espero tranquilo el día de mi partida, Gracias Estrella Maravillosa por toda la luz que irradiaste en mí.”
Max S.M.
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Con todo el respeto del mundo tomo las confesiones de un gran amigo
y las transformo en esta lectura,
ojalá pueda servirnos como un ejemplo de que la vida no es eterna
y que nuestro trayecto en la tierra es muy corto.
Disfrútemos cada día la gracia de un nuevo amanecer
y valoremos a las personas a quienes amamos.
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